Cruzando un río de China, inesperadamente un viajero reconoció en el barquero a Lao-Tse.
El propio Lao-Tse en persona.
- ¿Que haces aquí?- le preguntó intrigado- Tus discípulos te buscan por toda la China para escuchar tu palabra sabia.
- Mi palabra, sabia o no, va conmigo a donde yo voy - Contestó Lao-Tse- Entre mio discípulos tiene más valor porque lo ha dicho Lao-Tse, que porque lo ha dicho en sí mismo. Aquí en cambio la gente que viaja me escucha... Y cuando digo algo que le sirve a alguien, lo recuerda y lo usa como una herramienta útil. Además cuando otro le pregunta: "donde has aprendido esto?", el hombre puede contestar "Me lo dijo un día un barquero".
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